En el año 2012 nos mudamos a una nueva casa en una nueva ciudad. Uno de mis hijos, comenzó a dormir mal. Tenía pesadillas. Al principio lo atribuí al cambio de casa y lugar; pero pasaba el tiempo y las pesadillas se acrecentaban y eran cada vez más “terribles”. Cuando dormía con él, nada pasaba; él podía dormir tranquilo. Algunas veces, cuando cerraba la puerta de la habitación (para que durmieran sin escuchar ruidos) era peor. En el 2013, las pesadillas eran más bien terrores nocturnos. Mi hijo gritaba, lloraba, me costaba mucho sacarlo de ese estado. Varias veces, se hacia pis encima. A veces, no lograba abrir los ojos, y me rechazaba si trataba de abrazarlo, asustándose más si lo tocaba. Mi marido y yo estábamos muy preocupados. Hubo dos últimas veces, que me hicieron pensar en pedir ayuda “especial” a mi amiga Claudia; quien “casualmente” llamó a mi casa la noche siguiente a esas pesadillas que aún recuerdo. En una de ellas, mi hijo me decía señalando el techo: -“no quiero que me toquen, que no me agarren”. Asustadísimo y llorando, eso me dio mucho miedo y lloré con él mientras lo abrazaba y trataba de tranquilizarlo. La otra fue cuando lo encontré debajo de la cama, encerrado entre la base de una cama sin colchón y su propia cama como techo, pidiendo desesperado por mí, llorando, mientras yo lo buscaba por la habitación desesperada. Nunca pude entender como hizo para meterse ahí. Cuando deslicé esa tercer cama con rueditas y lo vi al final, todo acurrucado y temblando de miedo, se me partió el corazón. Y me di cuenta que no podía protegerlo y cuidarlo. Entonces, pedía ayuda a Claudia, sabía que estaba estudiando sobre los ángeles. Sin demasiada idea, sobre qué pasaba y qué podría hacer. Solo me venía a la mente contarle lo que nos estaba pasando y pedirle ayuda. Ella me enseñó varias oraciones y algunos tips sobre qué hacer en la habitación. Con esos consejos las cosas mejoraron un poco, aunque seguíamos en tensión y sobre todo yo sentía esa responsabilidad cada noche de esforzarme en protegerlo con mis rezos. Esa tensión constante, era reforzada porque cuando no rezaba para protegerlo, invocando a los ángeles, mi hijo tenía pesadillas. Era increíble, pero así sucedía. No era que me olvidaba, eran ocasiones en las que teníamos visitas, y ellos con 3 años y medio y 5 años de mi hija, se despedían e iban a dormir solos. Finalmente, en junio de 2013, Claudia hizo una limpieza con incienso en la habitación de mis hijos y ello fue el inicio de una nueva etapa de tranquilidad y el fin de estas situaciones que acabo de relatar. Eternamente agradecida por el bienestar que recuperamos como familia gracias a su intervención, por su paciencia en tranquilizarme y guiarme en lo que podía hacer. Por escucharme, pero por sobre todo, desde lo más profundo de mi corazón, gracias por ayudar a mi hijo, en los momentos en que como mamá nada pude hacer. GRACIAS!
Yamila - Buenos Aires, Argentina